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lunes, 21 de noviembre de 2011

VÓMITO INDIFERENTE


(((Advertencia: La narración es gráfica. Si es débil del estómago mejor no la lea.)))

El sábado fuimos a Chilli’s de Plaza del Sol. Nos sentaron en un lugar distante y aislado. El mesero tardó en coger la orden.  Entretanto conversamos de todo un poco. Me comí unas fajitas, mi esposo un churrasco y mi bebo unas papas majadas.

No nos quedamos solos en la esquina pues los meseros unieron varias mesas, señal que vendría un grupo grande.  Así fue.  Eran dos familias.  Todo marchó bien. Cuando terminamos, mi esposo decidió ir al baño.  Mientras, me quedé con el bebo. 

De pronto, vi cómo mi bebo se desfiguraba. El pobrecito empezó a vomitar. La primera reacción fue levantarme y ponerle las manos para evitar que todo el vómito le cayera encima. Me desesperé porque en estos restaurantes te dan una o dos servilletas y en ocasiones tienes que rogarles para que te lleven más. Sacar las toallas húmedas del bulto fue toda una experiencia porque ensucié todo.  Me separo un momento del bebo para ver si veo a algún mesero, pero no había ninguno cerca. Ni modo que gritara en pleno restaurante: “¡Mi hijo está vomitando necesito servilletas!”.  Eso le hubiese dañado el estómago a dos o tres.

Lo que sí me sorprendió es que nadie de la mesa familiar que estaba al lado me ayudó. No me ofrecieron sus servilletas ni se pararon para llamar al mesero.  Vi la cara de una de las mujeres y su rostro era como diciéndome “bendito”. En todo momento mantuve la compostura y no perdí la paciencia.

Después que recogí casi todo, llegó mi marido. 

¿Qué pasó?, me preguntó.

“Adrián vomitó unos segundos después que te fuiste”, le contesté. “Ayúdame a cambiarlo de ropa”, añadí.

Todo esto ante la mirada indiferente de los que estaban al lado.

De momento se asomó el mesero. “¿Todo bien? ¿La cuenta?”, nos preguntó.

“Mira nene. Todo eso que ves en la mesa es vómito. Lamentablemente no tenía servilletas suficientes y tuve que utilizar todo lo que encontré para evitar que el desastre fuera mayor. ¿Podrías traer una funda para echar la ropa vomitada del nene?”, le dije.

“Claro”, me contestó de la manera más relajada del mundo.

Limpié al bebo, recogí todo, pagamos y nos fuimos.  Ya en el carro y antes de dormirme alcancé decirle a mi esposo, “con el ajetreo olvidé lavarme las manos”. ¡Wácala!

Consejo

Para que no te ocurra lo que a mí, te aconsejo que siempre lleves servilletas o toallas húmedas suficientes por si tu bebo vomita en algún lugar.  La funda plástica es necesaria y una ropa adicional no puede faltar. En lo único que fallé fue en la funda y las servilletas.

Nota: Gracias a los vecinos que ni se inmutaron en ayudarme.  El ejemplo que dieron a sus hijos de ayudar a los demás fue extraordinario. Not!





2 comentarios:

  1. Es lamentable la falta de sensibilidad en la que nuestra isla, y muchas otras naciones, se han acostumbrado a vivir. La falta de solidaridad en momentos de necesidad ha encapsulado los buenos sentimientos que nos distinguían como personas décadas, siglos atrás. Viene a mi memoria el caso de la pequeña niñita que fue atropellada por dos conductores en China, vista por 18 transeuntes que la vieron ensangrentada en la calle y ninguno se dignó a socorrerla. Imagínese, si una vida que se debatía entre sobrevivir o rendirse no fue suficiente para inquietar los corazones de quienes la vieron, o ver una madre preocupada por su bebé en un momento en que pudo haberse complicado si el pequeño hubiese tragado ese vómito por las vías respiratorias no nos conmueve. Qué le estamos enseñando a la juventud que aprende de los adultos. Qué pena que no estuviera sentada en la mesa del lado de ustedes, porque en mi hogar no solo la hubiese ayudado como madre que soy -y pasé por eso muchas veces-, sino que mi esposo y mis hijos hubiesen colaborado también. Así nos educaron y los hemos educado, a que sean nobles y ayuden al prójimo en cualquier necesidad sin que se lo pidan.

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