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miércoles, 8 de junio de 2011

EL TAMBOR

Hace unas semanas mi esposo le compró un tambor de Mickey Mouse a Adrián.  Desde ese día, se acabó el poco silencio que había en la casa.

Los palitos amarillos cogen vida y comienzan a golpear de forma arrítmica el acrílico del tambor.

Pero eso no es todo. Dentro del tambor vinieron otros instrumentos musicales como una flauta, una maraca, una armónica y hasta unas castañuelas.  Ya aprendió a tocarlos todos así que podrán imaginarse los conciertos que nos ofrece nuestro hijo.

Contrario a lo que muchos padres harían, nosotros le damos rienda suelta a nuestro hijo para que explore. Aunque eso signifique sacrificar el amado y extrañado silencio.

Hace poco leí que “los niños atraviesan un periodo en el que la melodía y el ruido son lo mismo: un simple efecto sonoro. En este aprendizaje, cualquier instrumento de percusión es su favorito, y cualquier elemento es susceptible de ser un tambor”. De hecho, el psicólogo francés Jean Piaget asegura que “en este momento el niño tiene delante un objeto de curiosidad por descubrir”. Entonces, ¿porqué limitar su hambre de descubrir?

El chico nos da un concierto gratis y nosotros, sus padres, lo celebramos.

Consejo

Sácale provecho a las actividades en las que tu hij@ muestra interés. Está comprobado que tocar un instrumento tiene muchos beneficios. Se sabe que practicar de forma habitual mejora las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta o la inteligencia espacial.

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