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| Foto: surlygirl |
Mis suegros han
sido una bendición. En medio del ajetreo en el que uno vive, se han convertido
en un remanso de paz.
Mi bebo es el más
pequeño de la familia. Los otros nietos son mayores de 12 años así que podrán
imaginar lo ilusionados que están con la llegada de Adrián. A esto añádanle que es el primer varón en llevar el apellido
del abuelo. Ya saben, la sucesión.
La cara de los
padres de mi esposo vale un millón cuando ven al chiquitín. Cada domingo pasan por la casa un ratito para
verlo y jugar con él. Mi suegra se inventa un menú en días de semana para
invitarnos a comer, solo porque quieren ver al nene.
Eso me hace
pensar que muchas veces vemos a los suegros como metiches y problemáticos. Sin
embargo, olvidamos los momentos que nos colaboran o hacen la vida más fácil
cuando se nos complica.
A mis suegros les
doy las gracias por toda la ayuda que nos han brindado en estos dos años y
medio. Sé que aman con locura a mi hijo y al resto de sus nietos. Afortunadamente,
mi hijo tiene unos abuelos dedicados y comprometidos con su educación y
espiritualidad. Aunque son
consentidores, tienen límites.
Y a ustedes,
¿cómo les va con los suegros?
















