Los sábados al amanecer mi abuelo se levantaba para sacrificar
uno o dos cerdos. Si era Navidad podía matar otros tantos. Todo dependía de la demanda. Regularmente, todas y cada una de las partes
de esos cerdos estaban previamente vendidas.
El grito aterrador del animal nos despertaba. Junto a
mis primos, miraba por la ventana para ser testigo de aquella matanza. Los
miraba con lástima y hasta le reclamaba a mi abuelo por ser un asesino de
cerdos. Recuerdo que nos gritaba que no
miráramos con pena porque tardaban en morir. Según fue pasando el tiempo
comprendí que esos cerdos eran el sustento de mis abuelos. Eso y la agricultura
los sacaban adelante.
Poco a poco nos fueron introduciendo a ese ritual.
Llegué a pelar un cerdo, a limpiar los intestinos y rellenarlos con el arroz
que mi abuela mezclaba con sangre y que finalmente se convertían en la famosa “morcilla”.
Sabrán que me repugna comer cerdo y ni hablar de las morcillas. ¡Wácala! Pero
así me crié y con orgullo lo escribo.
De mi abuelo Juan tengo tantas historias. Compartí
tanto con él. Lo admiraba tanto. Un día le cuestioné la existencia de la Virgen
María. Mi abuelo miró la luna y me
preguntó, ¿qué ves?. Le contesté que una bola blanca. Su contestación fue: “En
esa bola blanca está sentada la Virgen María con el Niño Jesús en sus brazos.
Nos está mirando en estos momentos. Siempre está ahí, por eso nos alumbra”. ¿Podrán creer que cuando volví a mirar la
luna vi la imagen que describió mi abuelo? ¡Wow!
Cuando cayó en el hospital fui a verlo diariamente. Le
exigía que no se fuera. Le recordaba que habíamos hecho en pacto en el que no
se iría de este mundo sin conocer a un biznieto de mi parte. Me contestó: “¡hay nena avanza!”. Jeje
Hace varios años que mi abuelo ya no está con
nosotros. La noticia de su muerte fue devastadora para toda la familia. Un
hombre trabajador, sencillo, respetuoso, cariñoso y un excelente abuelo.
Sentado en su silla reclinable, viendo “El Chavo del 8”
y riéndose con ganas; así recuerdo a mi abuelo.
Llevo conmigo la marca de tres lunares que mi abuelo tenía en la
espalda, mi madre en el pecho y yo en el rostro.
Su partida aún duele. Recuerdo cuando le dije TE AMO y
sus ojos se aguaron. Me contestó: “yo también TE AMO”.
Palabras
para abuelo Juan
Desde aquí te escribo estas palabras. Seguiré
conversando contigo en las noches cuando te pido que nos cuides.
Tardé mucho en darte el biznieto pero sé que desde
allá lo estás cuidando.
Aún veo el Chavo del 8 y recuerdo tus carcajadas.
Siento que lo estamos viendo juntos.
Abuelo Juan: Gracias por enseñarme el valor de
trabajar y luchar por lo que quiero. Gracias por mostrarme que en la vida hay
que reírse hasta en los momentos duros.
Gracias por existir.






Wao! Me hiciste recordar mi infancia. En mi caso era la vecina de mis abuelos la que mataba los cerdos. Qué terribles aquellos chillidos. Mi abuela mataba las gallinas y los pollos dándole vueltas por el pescuezo. Ni loca comía ese día. Yo me comía los congelados, pero esos no,como si hubiera diferencia. Ni hablar del abuelo Toño, el mejor. Trabajador, humilde, el típico jíbaro, siempre lo tengo presente en mi corazón. Gracias Lezeidaris por compartir esto.
ResponderEliminarAsí es Maritza! Fue una época hermosa. Gracias por leerme.
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